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Los “Buddha bowls” llegan pisando fuerte

21 marzo 2017

¿Quién dijo que los platos combinados no pueden ser saludables? Seguro que lo dijo alguien que, desde luego, no conocía los boles de buda, una tendencia que arrasa en numerosos países del mundo y que representa la otra cara de la moneda de aquellos gigantescos platazos rebosantes de grasas saturadas. Y es que donde antes había huevos fritos, lomo, croquetas, patatas fritas y beicon, ahora encontramos col verde (kale), quínoa, aguacates, rúcula, humus y remolacha.

Estos son solo algunos de los muchos ingredientes que podemos hallar en un bol de buda, que no es más que la versión saludable y vegetariana de aquel plato combinado clásico que, para qué negarlo, tantas alegrías nos ha dado en algunos momentos de nuestras vidas. Pero en plena fiebre de la cocina vegetariana y saludable, esta amalgama de grasa y calorías ha sido relegada a un segundo plano, a un capricho ocasional, y los boles de buda se han revelado como la alternativa ideal para comer a diario de forma divertida, variada y deliciosa.

Estos platos multicolores que, sin duda, entran por los ojos, suelen ser vegetarianos, aunque los menos ortodoxos se atreven también, en ocasiones, con su versión carnívora. La única regla para preparar un bol de buda de miedo es que no hay reglas, aunque sí debemos usar el sentido común: podemos utilizar a nuestro antojo vegetales, legumbres, cereales y frutos secos, siempre con cuidado de no crear combinaciones imposibles y de conseguir un plato equilibrado a nivel nutricional. Y es que un bol de buda bien ideado y elaborado con mimo hará callar sin contemplaciones a todos aquellos que opinan que comer sano y verde es y siempre será aburrido.

Así pues, para crear un bol de buda completo y equilibrado es interesante aportar una dosis de cereales, a poder ser integrales, que nos aportarán hidratos de carbono y, con ellos, la energía necesaria para afrontar las tareas tanto físicas como intelectuales que nos traigamos entre manos. Aquí hablamos de arroz integral, quínoa, algo de pasta integral o, si lo preferimos, podemos optar por un poco de cuscús. A continuación, el bol de buda de nuestros sueños lleva además algo de proteína, preferiblemente de origen vegetal: puede ser tofu, tempé o seitán, garbanzos, lentejas o, si decidimos hacer un hueco en nuestra creación a la proteína de origen animal, un huevo será siempre una excelente opción.

Es el turno de los vegetales y aquí conviene no cortarse para nada: espinacas, acelgas, col verde, espárragos trigueros, brócoli, coliflor, calabacín, berenjena… Podemos hacerlos a la plancha o al vapor, tal vez con algo de patata, y por supuesto con su correspondiente aliño: un aceite aromático al limón o a la albahaca fresca, por poner solo dos ejemplos, serán opciones estupendas para dar un toque de sabor a nuestro plato.

Podemos completar el bol de buda con algo de ensalada pequeña y ligera, para lo que bastarán unos brotes variados, un germinado de soja, unos tomates sabrosos y un poco de semillas o frutos secos, que nos van a aportar hierro y otros minerales. Una vinagreta a base de aceite de oliva virgen extra y vinagre dará el toque final a un plato bajo en calorías, completísimo nutricionalmente y muy pero que muy bueno.

Ya tenemos, pues, ese aliado culinario que nos ayudará a comer sano y variado sin aburrirnos y con la certeza de que estamos manteniendo a raya las calorías. Perfecto tanto para nuestro día a día ―es una gran opción para el táper del trabajo― o para pedir en los restaurantes cuando salgamos a comer y cenar y no queramos pasarnos de la raya. Y es que los boles de buda, por suerte, han llegado para quedarse.

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